encuentro en mi guitarra a esa fiel consejera...
que, sin decir palabra alguna, apacigua con su voz milenaria...
mi corazón entregado a las llamas de la infamia...
lleno de heridas que aún no sanan...
y que desangra versos melancólicos a la penumbra...
sólo a ella... a mi amante silenciosa...
le debo el placer de escuchar el sonido de tu voz lejana...
mientras interpreto en ella las canciones que me recuerdan tu mirada...
esa mirada...
que se ha perdido en el cielo estrellado del tiempo pasado...
y en el silencio de esta negra noche...
mis lágrimas reposan en su cálida madera...
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