Debajo del firmamento nocturno me encuentro, de nuevo
meditando sobre aquellos sucesos acontecidos meses atrás, esas caricias que me
hicieron danzar de alegría, que de manera exótica se me presentó delante de mis
ojos, con cierto desdén de locura y picardía…
Cielos, Como me encanta verla en la distancia, aún todavía, después
de aquella noche en la que te tuve en mis brazos, con ternura acariciaste mi
rostro mientras intentaba dormir, quisiera volver a ese momento, donde me
recreaste mis más profundos sueños y los hiciste vividos a mis sentidos…
Recuerdo con cariño, melancólico, esa noche en la que fuimos
sinceros, en la que me complementaste como nadie lo había hecho, como esa otra
mitad, que de repente tú, siendo tan joven, con más experiencia en lo que
concierne a la vida, te me revelaste con cierta cortesía, malicia, picardía, y
ternura, siendo sensual como sólo tú sabes serlo, me atrapaste en un juego que
quiero jugar, pero que merece tiempo para disfrutarlo, que merece toda la
atención, dedicación y esmero de parte mía, como tu amante, que ahora, desde la
distancia, solo te observa con tus ganas infinitas de danzar… de ser libre… de
ser quién eres…
Te admiro por quien
eres, por quien llegarás a ser, y por lo que lograrás, fantástica eres, me
deslumbraste de manera singular, y ahora, en medio de esta noche sin luna, me
quedo observando tu figura en la inmensidad de mi imaginación, de mis
recuerdos, y de mis más queridos sueños…
Solo me queda decir, todavía te quiero, Todavía me
deslumbras cuando apareces en el infinito tiempo, ocupando tu espacio, siendo,
sintiendo, viviendo como yo no he vivido… existiendo, haciendo parte de mi
historia, aunque sea breve, serás siempre parte de mi vida, de mis
pensamientos, de mi memoria, mis recuerdos susurrarán tu nombre, como el viento
susurra al oído del pescador al final de la tarde, en el ocaso del día, igual
que en el ocaso de su vida…
Serás, Seré, y… bueno, aún no me alcanza el tiempo para
definir lo que sigue, te quiero…